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domingo, 29 de agosto de 2010

gIsela

Detrás de la barra se maneja como pez en el agua. Le he pedido un café y en cuestión de segundos lo tengo delante de mí. Gisela tiene los ojos entre grises y azules. Desde que alguien me dijo que la primera pregunta es "de qué color eran sus ojos?", es lo primero en lo que me fijo. Tiene un acento extraño, porque no es de aquí, aunque lleva años.

Y qué tal han ido tus vacaciones? me pregunta de un modo en que sé que me va a escuchar. Una buena camarera escucha a los clientes, y se sabe sus vidas. Bueno, lo que ellos quieran contar. Las mentiras sí que las distinguen, y no se las creen, pero hacen como que sí.

Bien, bien. Lo único malo es que perdí la cámara de fotos. Con lo que me gusta hacer fotos, ahora estoy que me subo por las paredes.

A mí también me gusta mucho hacer fotos, aunque las hago con mi móvil, porque no tengo cámara, responde Gisela.

Ah si? le pregunto con renovado interés, mientras ella se aleja, pienso yo, para darle conversación a otro cliente, pero no. Coge de uno de los anaqueles del fondo su teléfono móvil y vuelve a mi lado, mientras el resto de hombres apostados en la barra me miran de soslayo con esa cara de estar pensando "Ay cabrón..."

Mira, me enseña Gisela: una de la playa: esta soy yo.

En efecto, en la foto sale ella tumbada en la playa, en bikini, y comprendo en un instante que las curvas que se dibujan bajo sus jeans, son reales.

Tengo montones de fotos. Me gusta hacerlas para tener recuerdos.

Claro, le respondo yo: esos instantes son valiosísimos. Haces bien en retratarlos

Seguimos viendo fotos, y ella al poco deja el móvil en mis manos para ir a llenarles una nueva ronda a unos clientes que hay a mi derecha. No me atrevo a avanzar las fotos porque n osé si me puedo topar con algo más privado que ella no quiera mostrar. Todo el mundo tiene derecho a su intimidad y pudor. Pero ella es una camarera eficiente, y vuelve enseguida, diciendome: Y en la piscina, jaja, todo el mundo mirándome, mientras me hacía fotos, con los manguitos, pensaban que estoy loca.

Tú con manguitos? le interpelo

Sí, es que no sé nadar

Y por qué no aprendes?

Es que me da mucho miedo. Es por algo que pasó. Hace tiempo intenté salvar a un niño de 5 años que se estaba ahogando, le tendí la mano pero él se resbaló porque estaba mojado, y al final no lo pude conseguir. Su mirada de angustia, me confieso incapaz de describirla

Entonces es un trauma.

Si.

Te podrías apuntar a un curso, Seguro que un buen profesional podría ayudarte.

Ya, pero no tengo vehículo para ir a la piscina

Te diré lo que vamos a hacer. Yo suelo ir al comienzo de la temporada a la piscina cubierta. Si quieres te puedes venir conmigo. Ojo, las cosas claras. Es una propuesta sin segundas intenciones. No pretendo nada más que eso. Tú te obligas, yo me obligo. Sería una buena cosa que te animaras y te sacases de encima ese trauma.

Bien, ya me dirás algo, no?

Si. Cuenta con ello.

Este es el reto, queridos lectores. A ver qué consigo.